miércoles, 10 de octubre de 2007

Shakespeare

Brilla el sol desde el cielo, brilla pero calienta,
y mira donde estoy, entre aquel sol y tú:
El calor que recibo del sol poco me daña
la llama de tus ojos es la que a mí me abrasa
y si inmortal no fuera, aquí me moriría,
entre el sol celestial y este sol terrenal.

¿Insensible, eres roca, dura como el acero?
O más que roca o piedra que la lluvia ablanda:
¿De mujer eres hija, y no puedes sentir
que es amar y el tormento del deseo de amor?
Si tu madre tuviera espíritu tan duro,
no hubiera conocido la maternal ternura

¿Quién soy para que tú me desprecies así,

o que gran amenaza se esconde tras mi ruego?
¿Qué mal haré si pongo un beso en vuestros labios?
Hermosa, habla primores, o ten la lengua muda
Dame tan sólo un beso, que yo devolveré
con otro más intenso, y si quieres dos más.

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