Tú no sabes cuánto sufro!
Tú que has puesto más tinieblas en mi noche,
y amargura más profunda en mi dolor!
Tú has dejado, como el hierro
que se deja en una herida,
en mi oído la caricia dolorosa de tu voz.
Palpitante como un beso;
voluptuosa como un beso;
voz que halaga y que se queja;
voz de ensueño y de dolor...
Como sigue el ritmo oculto
de los astros del océano,
mi ser todo sigue el ritmo
misterioso de tu voz.
¡Oh, me llamas y me hieres!
Voy a tí como un sonámbulo,
con los brazos extendidos
en la sombra y el dolor...
Tú no sabes cuánto sufro;
cómo aumenta mi martirio
temblorosa y desolada, la caricia de tu voz.
¡Oh, el olvido!
El fondo obscuro de la noche del olvido
donde guardan los cipreses
el sepulcro del Dolor!
Yo he buscado el fondo obscuro
de la noche de olvido,
y la noche se poblaba con los ecos de tu voz.
(Ricardo Jaimes Freire)
viernes, 7 de marzo de 2008
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